Todos los profesionales estamos expuestos a equivocaciones, errores, descuidos...

Son imprevisibles e inevitables. Tan inevitables como que aquellas personas o empresas que se sientan perjudicadas nos reclamen una indemnización que cubra ese perjuicio.

¿Tu patrimonio está protegido?

Un pequeño descuido, un error insignificante o simplemente un golpe de mala suerte puede causar importantes perjuicios a clientes, proveedores o trabajadores. La consecuencia: una reclamación que amenace incluso tu propio patrimonio familiar.

Es imposible evitar una reclamación, aunque puedes prever sus consecuencias.